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Por qué le decimos no a la soya. Blog. Ecotienda SinSinSin

Por qué le decimos no a la soya, más allá de muchas razones médicas

Primero debo decir esto: hay una soya que no ha sido modificada genéticamente, lo tengo claro. Soya sembrada siguiendo principios de agricultura agroecológica, lo tengo claro también. Soya que las culturas ancestrales consumían fermentada de una u otra forma nada más.

Pero también tengo claro que esa no es la que llega hoy al mundo entero, en forma de lecitina (presente en suplementos de todo tipo, en casi todo el chocolate que se consume en el planeta, incluyendo muchos artesanales… presente en tantos procesados que no puedes imaginarlo, por ejemplo en las galletas de todo tipo, aún sin gluten, etcétera).

¿A qué soya hago referencia?

Una soya que viene en forma de aceite refinado (que ya de por sí es hidrogenado y tanto más venenoso), en forma de salsa fermentada, en forma de sustituto de la carne… Esa, procede de otro lugar, de otro modo de producción, de un laboratorio de la gran agroindustria. Es de esa que te voy a hablar, porque cuando hoy decimos soya o soja decimos muchas otras cosas:

  • Hablamos de modos de producción que justifican el mono-cultivo (claramente en contra de la biodiversidad, y que trae como consecuencia, entre muchas otras cosas, arrasadores incendios como los provocados recientemente en la Amazonia y en África).
  • También hablamos de cultivo transgénico y con esto, no solo de un grano cuyo ADN está modificado. Se trata de un modo de entender la agricultura que justifica el glifosato y toda la industria que viene con él, con efectos devastadores para la salud del planeta, la salud de las personas y la salud de la economía local. Y que, además, cada año hace que la tierra demande más y más venenos y productos de la agroindustria.
  • También decimos Omega 6, presente en todos los aceites refinados, cuya consecuencia en nuestro organismo es un estado inflamatorio permanente, es decir, ausencia de salud.
  • También decimos Síndrome del Intestino Permeable. Muchísimos estudios demuestran que la soya, junto con el gluten y los lácteos, aumentan la permeabilidad intestinal. Hablamos de liberación constante de toxinas al cerebro, que devienen casos cada vez más comunes de autismo, esquizofrenia, déficit de atención, hiperactividad, dislexia, dispraxia o dislalia.
  • Pero también reportan cada vez más enfermedades autoinmunes y, más allá, cáncer, imposibilidad para procrear, diabetes, bipolaridad, demencia senil, etc. Esto, claramente combinado con una dieta alta en Omega 6, azúcares y almidones, nada diversa, altamente procesada, baja o nula en probióticos naturales, etcétera.
  • Y, finalmente pensamos que es terrible que decenas de miles de vegetarianos, no todos, claro está, no se pregunten de dónde viene ese alimento idolatrado casi con ceguera intelectual.

Urge entender algo

La mitad de la solución a tanta falta de salud está en empezar por preguntarnos de dónde vienen los alimentos, cómo se procesan, cuánto viajan, cuánto tiempo están en una cava, en un galpón, en nuestra alacena.

Urge entenderlo: el camino es otro y es falso que el planeta no pueda producir alimentos limpios para toda la humanidad… Está demostradísimo que sí se puede, pero los intereses económicos y de control social y político de la gran industria hasta ahora han superado cualquier otro tipo de esfuerzo.

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